Tarteso o Tartesos. De las dos maneras se denomina a este pueblo que tuvo como área de asentamiento el Suroeste peninsular, el bajo valle del Guadalquivir, desde finales de la Edad del Bronce. Recibe su nombre del conocido entonces como río Tarteso (el Betis actual), del que manaban minerales como la plata y el estaño.
Acerca de Tartesos hay más interrogantes que respuestas. Se desconoce y se debate si esa denominación podría corresponder a un reino, a un río o a una ciudad, pero no hay seguridad acerca de ello. Se sabe que fue un pueblo con un buen conocimiento del trabajo del metal, en el que hubo un gran desarrollo de la orfebrería, tal como muestran los tesoros encontrados (La Aliseda, el Carambolo). También tuvieron un alfabeto propio, lo que denota un cierto nivel cultural. Pudo ser hacia el siglo VIII a. C. cuando llegó la escritura a Tarteso, aunque no se generalizó hasta el siglo VII a. C.
Probablemente constituyeron un reino, y se impusieron a otros pueblos vecinos como los bastetanos, los oretanos y los bástulos, siendo la única gran creación política de los íberos.
No se conocen las razones de su desaparición en torno al siglo VI, pues mientras que algunos historiadores afirman que se debió a la llegada de los cartagineses, otros apuntan razones económicas: el agotamiento de las vetas de metal en superficie.
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